jueves, 31 de mayo de 2012

"¡Salta, valiente!"


Acabo de ver otra de esas reseñas que te dan ganas de retirarte a vivir en las montañas, lo más lejos posible de esa especie parásita que se nutre de la valentía ajena para existir. No, no me refiero a los críticos de arte sino a los listillos que creen serlo, que es distinto.
Jaime Pena, enviado a Cannes desde España, habla de Pablo Stoll en lugar de hablar de 3, la película. Yo pensaba que estaba en la tapa del manual del buen crítico de ficción aquello de limitarse a hablar de la obra y no de la biografía (vinculándola con la totalidad de la obra del artista y con la tradición en la que se inscribe y bla, bla, bla, por supuesto, pero jamás con la muerte de su perro cuando el director contaba solo diez años, o con el suicidio de su compañero de tablas).  ¿”Fantasmas”? ¿”Compasión”? ¿”No se siente seguro”? El texto parece más un artículo para la Revista de Psicología Positiva de Jorge Bucay que una reseña de un enviado especial a Cannes. La próxima vez, que me manden a mí, que vivo más cerca y tengo un vestido de fiesta todo escotado que se me está apolillando en el ropero.

No es la primera vez. El suicidio de Rebella es utilizado sistemáticamente como excusa, más o menos explícita, para sustuir la labor crítica por pseudo-psicología pública.
Hace unos años salió una reseña inclemente sobre “Hiroshima”. Una reseña que se basaba en su biografía pública y no en las características de la película.  El autor del texto creía manejar criterios cinematográficos, quizás porque era capaz de identificar lo que es un fundido a negro, o contar los minutos de un plano secuencia, pero  el textito de marras incluía perlas tales como el párrafo que transcribo:

Mucho se esperaba de la nueva película de uno de los dos directores que formaron aquel tándem que logró hacer trascender a cotas universales hace unos años el cine uruguayo y que volvía reiteradamente con las manos llenas de premios de cada Festival al que acudía; una pareja que se deshizo de la más trágica de las maneras con el suicidio de uno de sus miembros, Juan Pablo Rebella, para muchos -y algo de razón han de tener- el "bueno" de la pareja, el creativo; el genio. Porque con el suicido de Rebella parece que también murieron las ideas, inmoladas, al menos las buenas, las de antaño, las de la ironía cáustica y el sarcasmo desesperanzado de “25 watts” (revisión de un existencialismo cáustico de juventud urbana que Nani Morretti había iniciado en “Ecce Bombo” así como Reijman en “Rapado” y Kevin Smith en “Clercks”) o las de la poética humanística del fracasado, del pobre hombre, en "Whisky". Pero aquí no, en “Hiroshima” no hay nada de eso, nada de originalidad, nada de reflexión, nada de desesperanza social; 

Además de estar escrita con una prosa pesada y llena de lugares comunes, se trata de una crítica tremendamente cobarde, disfrazada de valiente. Mientras Jaime Pena (el de la reseña de 3) se hace el compasivo, el anónimo autor de la reseña de Hiroshima se hace el valiente y el erudito (y a su erudición le falta, por ejemplo, citar “Permanent Vacation”, de Jim Jarmusch, más explícita –y quizás por eso más panfletaria- en su “desesperanza social”). Un buen crítico identifica el proyecto estético del artista y, si le parece que tal o cual estrategia o técnica no funciona, lo explica con argumentos. Por eso, un buen crítico, aunque sea duro, contribuye a la labor creativa de los artistas. Un mal crítico solo contribuye a su propio ego, al cotilleo, y en la mayoría de los casos, a su dipsomanía por cuenta ajena.

Lo verdaderamente bueno, lo valiente, es crear. Crear conexiones nuevas, en el caso del crítico, y crear a secas, en el caso del artista. Crear arriesgándose, no repitiendo fórmulas. Eso es lo que hace Stoll.  

Si aún tienen tiempo de seguir leyendo, acá les dejo un par de textos sobre crítica cultural. El primero es de una película de Disney. Sí, como lo leen. A mí si una reflexión me parece acertada, no necesito que esté firmada por un intelectual reconocido. El segundo es de W.H.Auden, pero lo que vale es lo que dice, no el nombre. 

De Ratatouille:
“En muchos sentidos, la labor del crítico es sencilla: arriesgamos poco pero tenemos poder sobre quienes ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos con la críticas negativas, que son divertidas de escribir y de leer, pero la triste verdad que debemos enfrentar los críticos es que, al final, cualquier creación, por mala que sea, tiene mucho más valor que la crítica que la condena.
Hay ocasiones en las que el crítico realmente se arriesga, al descubrir y salir en defensa de algo nuevo. El mundo suele maltratar el nuevo talento, la nueva creación....”

De “Leer”, ensayo de Auden:
“¿Cuál es la función del crítico? A mí, personalmente, puede hacerme uno o más de los siguientes servicios:
1. Presentarme obras o autores que antes yo desconocía.

2. Convencerme de que una lectura descuidada me ha hecho subestimar una obra o un autor.

3. Mostrarme relaciones entre obras de diferentes épocas históricas y culturales, relaciones que mis escasos conocimientos no me permitieron, ni me permitirán, ver por mi cuenta.

4. Presentar una «lectura» que ahonde mi comprensión de la obra.

5. Arrojar luz/sobre la «factura» artística.

6. Arrojar luz sobre la relación del arte con la vida, la ciencia, la economía, la ética, la religión, etc.

Los primeros tres servicios exigen erudición. No es suficiente tener muchos conocimientos; para ser llamado así, el erudito debe tener conocimientos útiles a los demás [...] [agrego yo que no es lo mismo “erudición” que una buena búsqueda en google. La segunda solo arrojará conexiones que otros ya hayan hecho, nada nuevo que aportar]  


Aupa, gracias por bancarme la bronca.

Y para rematar, una canción de Lou Reed:



La dizque reseña de 3:


3 comentarios:

  1. No vi Hiroshima ni 3, pero ese crítico es un pelotudo, y el otro todavía más pelotudo. Dos pelotudos al pedo.
    Si Rebella no se hubiera suicidado, si hubiera muerto -más humildemente- de un neumotórax, de una infección intestinal o de un ACV, nadie lo encumbraría a esas dudosas cumbres del Parnaso de los poetas malditos; conste que no he siquiera rozado la disyuntiva de si el tipo tenía talento o no.
    A estos dos salames de críticos tampoco les importa eso.
    En fin, Mariana, que a esta gentuza no queda más remedio que mandarlos bien a la mierda.

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  2. Hiroshima es una muy buena película, llena de riesgos, a veces gana y a veces pierde en mi opinión, pero no hay momento en que no se esté arriesgando algo. No sé, todo el diálogo como película muda a mí no me convence, pero eso está llevado hasta el final, con una convicción y una valentía de la que pocos son capaces actualmente, tan interesados en satisfacer a un critiquito de cuarta, evidentemente ignorante amén de su información de catálogo que te refriega por la cara como si fuera importante. Desconfío de la erudición. La crítica es siempre una práctica marginal, subsidiaria al hecho artístico y los tipos quieren suplir este lugar inamoviblemente secundario hacia un protagonismo a como dé lugar. Jamás leo críticas, ni antes ni después de ver nada, a lo único que sigo es al artista, es él único que me puede decir qué es el arte, porque es el único que se ha atrevido a ir más allá de lo conocido sin más guía que su intuición y su coraje.

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  3. En la misma revista en la que escribe Pena, salió esta crónica de FJL. ¿Hay cotilleo? no, no, no. ¿hay argumentos? sí, sí, sí.
    http://www.elamante.com/noticias/cannes-06-fjl/
    No basta con serlo, pero no hay como ser humilde para hacer de periodista. Yo soy traductora y disfruto como una enana del papel subsidiario que me toca, porque siento amor y respeto y fascinación por lo que traduzco. Es a la hora de crear algo propio cuando la modestia estorba.

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