sábado, 23 de agosto de 2025

Mar y tiempo

Con esta música de fondo lo leo: 


Es de noche y estoy escribiendo en el balcón de una casita de Creixell. Llegué hace dos días y cuál no fue mi sorpresa al descubrir que era casi la misma playa en la que, hace siete años, pasé unos días con amigos y luego me quedé dos días sola y nadé y nadé y escribí este post que ahora busqué para republicar. El olor de los jazmines y el aire cálido y marino de esta noche de verano me transportan a un lugar fuera del tiempo. Siempre que vengo a una playa sin edificios altos es como si viajara a mi infancia. De repente el tiempo deja de existir y soy otra vez la niña que nadaba al atardecer hasta que se le arrugaba toda la piel. Pero lo dije mejor en 2018:

Tuve un viaje a la infancia, o a la muerte, no sé bien, un viaje hacia el afuera de la vida, hacia el otro lado del tiempo. Hoy, entre las olas: el gusto a sal en la boca, el vaivén tibio del mar, el escozor de ojos, los dedos arrugados, la orilla como un mundo lejano, con sus sonidos amortiguados, las corrientes frías por debajo, las olas imponentes pero cabalgables, la tentación de no salir nunca, de no volver jamás a la orilla con sus ruidos mundanos, de no volver a usar las piernas sino como cola ondulante, de dejar atrás la boya y seguir y seguir mar adentro. Y en eso, también, la certeza de tener catorce años y estar en Punta del Diablo, la piel abrasada, mi padre jugando al truco, haciendo un asado, tomando mate junto a una pila de libros, explicándome algún caso y su alegato, la soledad buscada de mi adolescencia sentada en una roca oliendo el Atlántico, las horas y horas en el agua, los ojos y la piel escocidos y luego curtidos. En fin, esta tarde he vuelto a perder por completo el asidero y la noción del tiempo y del espacio como hace años no los perdía. Será porque estoy en el mar, en un trocito de mar salvaje, por fin un poco parecido al océano de mi infancia, lejos de asfaltos y paseos marítimos, totalmente sola y sin obligaciones (mis hijas se han ido). Amo a todos los que han pasado por aquí estos días pero también agradezco infinitamente esta tarde fuera del mundo, en el reino de las sirenas (como el país de las hadas) en el que, peligrosamente, todo vale y el tiempo no existe.


2 comentarios:

  1. Me identifico profundamente con las emociones que traen estas memorias. La huella del océano es imborrable y sanadora, aún por evocación. Es un volver a mi, íntimo e inmenso. Gracias.

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  2. Gracias a vos, mi sabia hermana, te quiero mucho!

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